- El sindicalismo que se precie de combativo, ácrata y revolucionario tendrá que apoyar y profundizar en los planteamientos decrecentistas. Insólito por cuanto se mal supone – en una visión simplista- que el objetivo que define a un sindicato, la defensa de los intereses de lxs tabajadorxs, entra o puede entrar en colisión o contradicción con el objetivo decrecentista: menor crecimiento económico -industrial, productivo, de cosumo- para vivir mejor.
- La clave está en ‘vivir mejor’ y precisamente las clases trabajadorxs, al menos las que conservan y cultivan su conciencia crítica, tienen claro, cada vez más claro que su objetivo emancipador, su liberación de toda explotación y opresión, sí que entra en flagrante contradicción con el proyecto capitalista dominante: su mal vivir está en relación directa con el industrialismo, la carencia de derechos sociales universales, la privatización de los servicios públicos, la contaminación del medio, el consumismo esclavista, la precarización creciente de las condiciones laborales (horas extra, salarios ajustados, flexibilidad funcional y organizativa)…
- Por ello el movimiento obrero deberá hacerse fuerte en la reivindicación decrecentista del reparto del trabajo para trabajar todos y todas, y en la necesaria distribución de la riqueza para satisfacer plenamente las necesidades de todas y todos. Y ello desde la participación horizontal y autogestionada tanto del trabajo, productivo y de cuidados, como de la riqueza que usufructan injustamente los poderosos de las finanzas, de las multinacionacionales y de la industria.
- Luchar por un empleo digno y de calidad, es beligerantemente apostar por el decrecimiento precisamente por que es la única garantía, desde un sindicalismo ecosocial y libertario, de luchar por la dignidad de quienes trabajan y por la calidad ambiental y social del trabajo y de los lugares de trabajo.
- Pero además, sabemos que el paro estructural, las bolsas de desempleo y exclusión, son inherentes al capitalismo devastador que padecemos. Y por esto, sabemos también que la autogestión colectiva de la economía y de la sociedad será el mejor medio que podamos imaginar entre todas y todos para que dejen de existir. Resarcir a nuestros entorno de los desequilibrios ecológicos actuales, extender la satisfacción de las necesidades humanas, producir y distribuir lo realmente necesario, local y descentralizadamente, ampliar los espacios de expresión y de cultura, necesitan ingente mano de obra.
- Las preguntas que nos deberemos empezar a plantear desde una visión emancipadora es qué producimos, para qué producimos y cómo producimos. Y tanto el formularse tales interrogantes como la búsqueda de sus respuestas compete de lleno al mundo del trabajo interrelacionado con la sociedad en su conjunto.
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